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Cuando te encontré parecías desprotegido y castigado. Era fácil adivinar la robustez de tu tronco en un tiempo pasado. Me transmitías un gran respeto y no me atreví ni a tocarte. Aún hoy, cada vez que te miro y veo la vida que tienes y que das desde tu vieja corteza, me pregunto ¿de dónde procede tu fuerza? ¿de dónde proviene tanta belleza?